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¿Qué ocurre en nuestro cerebro durante la adicción?

"¿Qué ocurre en nuestro cerebro durante la adicción?"

¿Alguna vez te has preguntado por qué hay sustancias capaces de provocar adicción? ¿Qué ocurre a nivel cerebral para que estas sustancias acaben controlando nuestro comportamiento?

Las adicciones son enfermedades crónicas y recurrentes en las que el individuo sufre una pérdida de control que le hace abusar de la sustancia a la que es adicto y cuando deja de tomarla aparece el síndrome de abstinencia, en el que hay una sintomatología física y un estado emocional negativo, caracterizado por la ansiedad. Las sustancias capaces de provocar dependencia son muy diversas: opiáceos, alcohol, tabaco… pero no debemos olvidarnos de las adicciones no químicas como los videojuegos, la comida o el sexo.

Las drogas modifican el cerebro tanto a nivel estructural como de función, a veces de manera reversible, pero en muchas otras ocasiones de manera irreversible, provocando conductas extrañas e incluso peligrosas.¿Por qué empezamos a consumir? La realidad es que existen personas con mayor vulnerabilidad a ser drogodependientes a causa de su genética y de su entorno. El componente genético influye en un 40-60% en las probabilidades de que el individuo se haga adicto. Esto sumado a factores ambientales como la presencia de drogas en el ámbito social, falta de apoyo familiar, un nivel socioeconómico bajo o estrés lleva a una mayor probabilidad de consumo…

¿Pero qué nos hace repetir aquellas conductas que son placenteras? Todos los animales poseemos un circuito neurobiológico de recompensa. En el centro de ese circuito se encuentra el núcleo accumbens, en el que, tras cada conducta placentera como la comida o el sexo, se produce una liberación de dopamina desde neuronas que se encuentran en el área tegmental ventral. Este circuito es necesario e imprescindible para la supervivencia, con el objetivo de que repitamos aquellas conductas necesarias para el progreso de la especie. 

Sobre este circuito se asientan las bases de la adicción, de forma que todas las drogas van a aumentar la liberación de dopamina por mecanismos directos o indirectos. Por una parte, los estimulantes (como la cocaína o las anfetaminas) inhibirán la recaptación de este neurotransmisor; por otra parte, los inhibidores (tales como los opiáceos o el alcohol) favorecerán su liberación por inhibición de un circuito inhibidor. Esto llevará a que se produzca una hiperfunción mesolímbica que desencadenará todos los síntomas de euforia que se sienten al consumir una sustancia. 

Figura 1: acciones de los distintos tipos de drogas (inhibidoras y estimulantes) sobre la liberación de dopamina en el núcleo accumbens. Adaptada de Koob (2009)

Entre las acciones de la dopamina podemos destacar las siguientes: predice la recompensa, interviene en el aprendizaje del significado motivacional de la recompensa, en la motivación impulsiva para conseguirla, potencia la atención a los cues (señales) y el ansia por la droga (craving), contribuyendo al consumo compulsivo.

Como consecuencia, el consumo de drogas continuado hará que las actividades naturales placenteras se vayan sustituyendo por la sensación todavía más placentera que provocan. Es decir, el circuito es secuestrado por el abuso de sustancias. Para hacernos una idea, la liberación de dopamina aumenta en un 50% con la comida, un 100% con el sexo, un 400% con la cocaína y 1.500% con anfetaminas.

Por tanto, la adicción es un proceso alostático mantenido por un refuerzo positivo en el que un estímulo, en este caso la euforia producida tras el incremento de dopamina al consumir la droga aumenta la probabilidad de consumo. Y por un refuerzo negativo, que aparece cuando disminuye la concentración de la droga en el organismo y aumenta la necesidad de volver a consumir para eliminar este estado aversivo o síndrome de abstinencia.

Figura 2: esquema del refuerzo positivo y el refuerzo negativo. Adaptado de Koob and Moal (2008)

Como consecuencia, el individuo pasa a la búsqueda compulsiva de la droga, lo que le origina problemas personales, sociales y familiares. Además, poco a poco, se producirá una escalada en la dosis ya que el sujeto se hace tolerante a la sustancia y cada vez necesita consumir más cantidad y con mayor frecuencia. 

Las drogas crean recuerdos tan fuertes que secuestran el cerebro mediante un mecanismo que altera el papel de la memoria, reforzando los recuerdos placenteros relacionados con el consumo y conectándolos con la señal de recompensa y la toma de decisiones. Por otra parte, la corteza prefrontal, una corteza asociativa que ejerce un control inhibitorio sobre la liberación de dopamina y el control de la conducta del individuo, se ve afectada haciendo que el individuo pierda el control sobre sus acciones. Si siguen abusando de sustancias todos los sistemas de neurotransmisión se alteran, el sistema límbico se hiperactiva, aumenta la motivación (saliencia) generada por la droga y aumenta la conducta de búsqueda de la misma, pasando de un consumo impulsivo a compulsivo.

Los estudios realizados con modelos animales en el ámbito de la neurobiología favorecerán el desarrollo de nuevos tratamientos farmacológicos, que junto con la terapia psicológica permitirán el tratamiento de las drogodependencias. Sin embargo, debemos tener en cuenta que la mejor herramienta para luchar contra este problema presente en nuestra sociedad es la concienciación y la divulgación, sobre todo en los más jóvenes. 

REFERENCIAS

Koob, G.F. (2009) Neurobiology of Addiction ed. by Berthoz, A. and Christen, Y. Research and Perspectives in Neurosciences. vol. IX. Berlin, Heidelberg: Springer Berlin Heidelberg.doi: 10.1007/978-3-540-85897-3

Koob, G.F. and Le Moal, M. (2008) ‘Addiction and the Brain Antireward System’. Annual Review of Psychology 59, 29–53. doi: 10.1146/annurev.psych.59.103006.093548

Koob, G.F. and Volkow, N.D. (2016) ‘Neurobiology of Addiction: A Neurocircuitry Analysis’. The Lancet Psychiatry 3 (8), 760–773. doi: 10.1016/S2215-0366(16)00104-8

Volkow, N. D., Michaelides, M. and Baler, R. (2019) ‘The neuroscience of drug reward and addiction’, Physiological Reviews, 99(4), pp. 2115–2140. doi: 10.1152/physrev.00014.2018.

Wang, T. R. et al. (2018) ‘Deep brain stimulation for the treatment of drug addiction’, Neurosurgical Focus, 45(2), p. E11. doi: 10.3171/2018.5.FOCUS18163.

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